Era es un mundo de fantasía. Y menos mal. No sólo eso, sino que es un mundo fantástico que no pretende ser fiel a ningún período histórico concreto. Por supuesto, bebe de estructuras, ideas y mitos sobre nuestro pasado, pero sinceramente la veracidad histórica nos importa más bien poco. Usaremos lo que queramos y como queramos, siempre que consideremos que hace el juego más interesante y, sobre todo, siempre que mantenga su coherencia interna. Por suerte, el tema del género es muy fácil de tratar en ese aspecto.

En Era no existe ningún mito, creencia o religión que afirme la superioridad masculina sobre la femenina.


– ¡Por mis barbas, cariño, dales duro!
– Tranquila, Vetta, ¡de aquí no pasan!
El juramento de «por mis barbas» está tan embebido en la cultura enana que hasta las mujeres lo usan.

Esto no quiere decir que ambos sexos cumplan idénticas funciones en todas las culturas. En Valle, las duras condiciones del país y las estructuras tribales de su cultura hacen que los hombres cumplan más a menudo el rol de guerreros o cazadores por ser más peligroso, y la supervivencia y crecimiento de un pueblo dependen por completo del número de mujeres que lo habitan. Pero esto no las exime de posiciones de liderazgo o responsabilidad, casi al contrario, y se espera de toda mujer que sepa luchar para defender a su familia y a sí misma… al igual que los hombres.

En sociedades más ricas en recursos, como es por ejemplo la de la propia Alkenburgo, la diferencia entre ambos géneros es aún menor, pues la supervivencia inmediata y el crecimiento demográfico dejan de convertirse en un problema tan acuciante. Así, los notables de la villa sentarán a sus hijas en sus regazos para hablarles del por qué de los movimientos de sus ejércitos, mientras que los hijos sufrirán las insufribles e inagotables correcciones de severas institutrices sobre la forma adecuada de dirigirse al burgomaestre. Y viceversa.

A los muertos poco les importa quién los llama, sólo el cómo.
¿Quién te crees que le pasa los muertos a la de arriba?

 

Hay ciertas deidades que por su naturaleza tienden a favorecer o identificarse más con un sexo u otro. Por ejemplo, Mari se inclina por lo femenino dada su relación con los nacimientos y la maternidad, mientras que Ator es una deidad de la masculinidad y la temeridad en batalla. Ahora bien, Ator aprueba la homosexualidad sin tapujos: mientras como hombre seas vigoroso en la cama, no le importa realmente tu compañía. También hay mujeres que lo adoran (como cierta elfa de portentoso físico…) por su aspecto como patrón de grandes gestas en batalla, o simplemente por considerar que ser vigoroso en la cama también incluye ciertas actitudes disponibles al género femenino. Los encuentros románticos entre dos devotos de esta deidad pueden resultar muy intensos.

En fin, todo esto es importante porque cuando jugamos en nuestros mundos fantásticos, todos ellos fuertemente inspirados por nuestro propio pasado, tendemos a dejar intacto el machismo endémico a nuestra Historia en aras de una mayor «verosimilitud», al tiempo que metemos democracias, ética moderna, dragones científicos y cualquier otra cosa que se nos ocurra. Por favor, mientras tengamos espadas, cotas de mallas y señores rebienvestidos tratándose de vos, tenemos toda la verosimilitud que necesitamos, no pretendamos otra cosa y hagamos lo que nuestra Historia nunca pudo: un poco de justicia.

Comentarios:

3 comentarios en “Mujeres en Era


15 de febrero de 2019

Muy bien expresado. La última frase, la de la justicia, me parece genial

16 de febrero de 2019

¡Gracias, Carlos!

8 de mayo de 2019

Aplauso. Antes me gustaba vuestro juego, ahora me gustáis vosotros!

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